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Castigo

Que castigo de la divinidad
tener el corazón en mano,
una daga en la otra
mientras gritamos: ¡paz!
Que castigo de la divinidad
que nos agacha la cabeza
en la tempestad.
Que nos pasa por fuego
y hielo, sin reconocer
lo débil del humano.
Que castigo
que nos pena la duda
que nos pena la gracia
que nos llena la boca de agua.
No tiene sentido
que lo divino dé dolor.
Las voces llaman al otro lado
de la esquina,
llaman a gritos.
No tiene sentido
que crezcan mares
y se destierren las aves,
que el fuego entibie
y el alma no reaccione.
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