Inevitable

Es inevitable el llanto,
en las noches azota como romano
—¿No te arrepientes? —pregunta riendo.
Pero lo tomo a pecho, suspiro y no lloro
¡Dios nos proteja!
Que el suspiro no es más que una pauta
para el camino del llanto.
Es inevitable el dolor en las mañanas
al despertar
donde por segundos no hay recuerdos
—¡Levántate y jura venganza! —gritan las voces del viento
las que no perdonan
las de los rencores de los niños.
Pero ante estas cosas inevitables
existe la cobardía
la que me detiene
de matar
de matarme
de llorar
de hacer llorar.
¡Me lo gritan!
¡No eres nadie, cobarde!
—Deberías dormir
con el corazón en la mano —dicen en coro
—, esperando a que alguien
se apiade de tu alma quebradiza
y te mate sin hacerte quebrar en llanto.
¡Pero lo he soportado!
¡Dios sabe que lo he hecho!
Que trato de no llorar en lo inevitable
que rechazo el dolor de lo inevitable
que recuerdo el rosto de la ceniza
que levanto la vista y admiro el horizonte.
Es inevitable no lamentarse
es inevitable no pasar
por estos dolores.